<cite>Combray</cite> es el comienzo de <cite>A la busca del tiempo perdido</cite>. Este volumen ilustrado es nuestro homenaje a Marcel Proust en su centenario.
Una pequeña localidad campestre, originalmente llamada Illiers, a unos cuarenta kilómetros de Chartres, quedó transformada por los recuerdos de infancia de Proust, que la glorificaba en su obra <cite>A la busca del tiempo perdido</cite> bajo el nombre de Combray. «Aquel sabor era el del trocito de magdalena que me ofrecía los domingos por la mañana en Combray […] mi tía Léonie después de haberla mojado en su infusión de té o tila». Combray es el inicio, la introducción al resto de los volúmenes que conforman <cite>A la busca del tiempo perdido</cite>, y es una lectura imprescindible para todo apasionado de la literatura.
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<cite>Combray</cite> es el comienzo de <cite>A la busca del tiempo perdido</cite>. Este volumen ilustrado es nuestro homenaje a Marcel Proust en su centenario.
Una pequeña localidad campestre, originalmente llamada Illiers, a unos cuarenta kilómetros de Chartres, quedó transformada por los recuerdos de infancia de Proust, que la glorificaba en su obra <cite>A la busca del tiempo perdido</cite> bajo el nombre de Combray. «Aquel sabor era el del trocito de magdalena que me ofrecía los domingos por la mañana en Combray […] mi tía Léonie después de haberla mojado en su infusión de té o tila». Combray es el inicio, la introducción al resto de los volúmenes que conforman <cite>A la busca del tiempo perdido</cite>, y es una lectura imprescindible para todo apasionado de la literatura.