En 1836 —dieciocho años después de la aparición de «El mundo como voluntad y representación»— Arthur Schopenhauer (1788-1860), animado por el propósito de fundamentar en los más recientes descubrimientos de las ciencias naturales, la lingüística y los estudios orientales las tesis básicas de su metafísica, publica Sobre la voluntad en la naturaleza. La tentativa de validar la teoría de la voluntad como principio de todo movimiento en las fases más elementales del proceso evolutivo va acompañada de una violenta diatriba contra la filosofía oficial de la época, que ignora o malinterpreta a Kant —«un león muerto coceado por borricos»— y busca su inspiración en Hegel. La obra, así pues, es altamente representativa, tanto por sus reflexiones propiamente filosóficas como por el acerbo talante crítico con que analiza el pensamiento contemporáneo —«liga de los tontos contra la gente de ingenio, conjuración de los criados para deshacerse de los amos»—, de las ideas y estilo del primer «hombre trágico» de la era moderna, que tan profundamente habría de influir sobre Nietzsche, Freud y Kafka. A la maldad del mundo y el dolor de la existencia opone Schopenhauer la lucidez ascética del sabio, que constata la facticidad sin sentido de la vida humana y que comprende que la libertad de la voluntad no es sino una espantosa condena para la que no hay otro rescate que el regreso a la nada.
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En 1836 —dieciocho años después de la aparición de «El mundo como voluntad y representación»— Arthur Schopenhauer (1788-1860), animado por el propósito de fundamentar en los más recientes descubrimientos de las ciencias naturales, la lingüística y los estudios orientales las tesis básicas de su metafísica, publica Sobre la voluntad en la naturaleza. La tentativa de validar la teoría de la voluntad como principio de todo movimiento en las fases más elementales del proceso evolutivo va acompañada de una violenta diatriba contra la filosofía oficial de la época, que ignora o malinterpreta a Kant —«un león muerto coceado por borricos»— y busca su inspiración en Hegel. La obra, así pues, es altamente representativa, tanto por sus reflexiones propiamente filosóficas como por el acerbo talante crítico con que analiza el pensamiento contemporáneo —«liga de los tontos contra la gente de ingenio, conjuración de los criados para deshacerse de los amos»—, de las ideas y estilo del primer «hombre trágico» de la era moderna, que tan profundamente habría de influir sobre Nietzsche, Freud y Kafka. A la maldad del mundo y el dolor de la existencia opone Schopenhauer la lucidez ascética del sabio, que constata la facticidad sin sentido de la vida humana y que comprende que la libertad de la voluntad no es sino una espantosa condena para la que no hay otro rescate que el regreso a la nada.